Hasta ahora, hemos ido observando el cómo la serie nos da a entender que tanto parásitos como humanos son dos caras de la misma moneda. Efectivamente, el ser humano tiene mucho de parásito y los parásitos pueden mostrarnos y adquirir rasgos completamente humanos, y es que ambos, humanos y parásitos, se intersectan en la “animalidad” o, utilizando otros términos, en sus “características instintivas”. Pero además ambos comparten la peligrosa característica de desarrollar una inteligencia mayor y más compleja que el resto de seres vivos que habitan este nuestro planeta.
Siguiendo a Konrad Lorenz, Nobel en medicina del año 1973, se sostiene que el ser humano posee cuatro instintos superiores o fundamentales a los que llama “los cuatro grandes” que son: el hambre, el sexo, el miedo y la agresividad. Como ven, solo uno de estos “grandes” no está presente en los parásitos: el sexo, y otro está muy disminuido: el miedo. Por otra parte, la serie se preocupa muy bien en destacar el “hambre” y la “agresividad” de los parásitos, aunque este último instinto es el que resalta de manera abrumadora. Obviamente, todos estos instintos responden a la conservación del individuo y de la especie.
Que el instinto sexual no esté presente en lo parásitos explica mucho, pues así se entiende la extrema agresividad con que no solo se comportan con los humanos sino entre ellos mismos ―hasta tal punto que, en algunas oportunidades, pareciese que queda en segundo plano la conservación de su especie y el individualismo toma completamente las riendas―. Es innegable que el instinto sexual o reproductivo es el principal moderador de la agresividad (pues con ella inicia los lazos maritales y parentales) más aún en animales gregarios. Pero, vaya paradoja, este exceso agresivo será el causante para que los parásitos establezcan ciertos lazos “afectivos” (interesados o desinteresados), más aún en el caso de aquellos semejantes a Migi.
Para continuar, me seguiré basando primordialmente en el libro “Sobre la agresión: el pretendido mal” de Konrad Lorenz. Allí se plantea que la particularidad de la amistad va unida en sus raíces a la agresión: “La agresión de determinado individuo se aparta de un segundo individuo, no menos determinado, pero descarga sin ninguna inhibición sobre todos los demás congéneres anónimos. Nace así la diferencia entre el amigo y el extraño, y por primera vez aparece con ella el vínculo personal entre dos individuos en el mundo”. Es decir, por ejemplo, Migi entabla una relación cada vez más cercana con Sinichi, y viceversa, debido a que el enfoque de la agresión de ambos se centra básicamente en los demás parásitos, pues son estos los que representa una mayor amenaza para ellos, además, paralelamente, las relaciones que establecen con otros humanos y parásitos se dan midiendo el nivel de agresividad (“las ansias de matar”, etc). Básicamente, la serie se despliega de tal forma que los espectadores en sí lo que están viendo no es otra cosa que un documental de la vida “salvaje” donde los protagonistas son hombres-parásito, como todos nosotros.
Por lo general, en animales como nosotros se suele mitigar el instinto agresivo ―y entablar relaciones amicales o amorosas― cuando se está entre individuos a los cuales se les considera “parte del grupo”, “parte de la familia”, etc. (por ello el instinto agresivo de Sinichi al final desciende frente a Reiko, pues la vio como a su propia madre), pero todo cambia cuando se nos pone en frente a un individuo que no pertenece a “nuestra sociedad”. Ante ello, la agresividad brota como una gran erupción volcánica (más aún si hay peligro de muerte de por medio, pues el miedo así como te hace correr puede hacerte el más grande asesino). Así pues los más interesantes ejemplos de esto serían el militar que dirige la operación de eliminación de los parásitos y particularmente nuestro “estimado” asesino en serie, donde incluso ya se ve de modo marcado el gusto ―que hemos heredado de nuestros antepasados primates― por exterminar al extraño. Esto hace que sin dudas lo asemejemos más a un parásito que a un humano, y claramente consideremos a Tamura Reiko como alguien más humana que parásito.
En el caso de Tamura Reiko, la más humana de todos, efectivamente, por cuestiones de azar o no sé qué, ocupó el cuerpo de una maestra; y, como ya saben, los parásitos heredan ciertas actitudes y particularidades de su primer receptor. Tal es así que ella tuvo la predisposición a la investigación, y más aún a la biología. Así empezó a familiarizarse más y más con los humanos, lo que fue disminuyendo su agresividad para con ellos, más aún, ella exploró el instinto que le faltaba: el sexo o reproducción. Es así que incluso es capaz, al final, de experimentar o despertar en ella el instinto maternal. Por supuesto, su gran nivel de razonamiento se evidencia en su afán por preguntarse cuál es el sentido de su existencia y tratar de formular o encontrar respuestas (tal vez Reiko haya pensado: “yo existo gracias a un humano y he dado vida a un humano, por más que busco respuestas a mi existencia no la hallo, quizá yo soy la que debo darle un sentido… Tal vez vivo para este niño humano… hahahaha… mi vida tiene mucho sentido cuando este niño depende de mí…”). Sentimos admiración por aquél aspecto de Reiko, pero no hubiésemos tenido empatía por ella sino fuera porque sentimos que ella cambio emotivamente. La sentimos humana no por su razón a secas, sino por su actitud (esa que es incomprensible hasta ahora por Migi).
Pues bien, si en anteriores episodios vimos como Sinichi siente recuperar su humanidad gracias al fuerte estímulo emotivo efectuado por Reiko, ahora vemos que Sinichi, tras convertirse en un animal huidizo y propenso a la agresividad, a través del sexo (que repito es un fuerte inhibidor de la agresividad —agresividad que en este caso Sinichi lo tiene muy latente debido a la mezcla de partículas de Migi en todos su cuerpo―) Sinichi vuelve parecer humano (obviamente aquí participa ese lazo tan fuerte al que denominamos “amor”, así que el instinto sexual es recargado por una fuerza emotiva muy potente). Sin embargo, … (si quieren terminar de leer todo este “corto comentario” ir a https://www.facebook.com/media/set/?set=a.824870990913867.1073741856.100001729204381&type=1&l=cd77831465 pues parece que esta casilla de comentarios no acepta tantas palabras, o tanta estupidez como bien les plazca llamar a este comentario). Gracias a los locos que me leen.